Un regalo, una donación llegada del Supremo;
manifestación del gran amor que se nos da a los hijos.
Hubo algún día una promesa,
que hicieron todos los Hijos de la Tierra.
Cuidarla y preservarla, como la gran casa.
Amarla y protegerla, como el mayor bien.
Así pasó el tiempo....
así llegó el olvido....
Su madre muere lentamente...
El Hijo de la Tierra, la olvidó.
El Hijo de la Tierra, olvidó caminar,
respirar el aire, mirar los cielos, palpar el suelo.
El Hijo de la Tierra olvidó resguardar su suelo,
y sus pasos ya no resuenan por las praderas.
Sólo hay círculos rodantes circulando sobre cintas de concreto.
Ya no mira los cielos, ni reconoce las señales,
enciende una pantalla y alguien le informa el mañana.
Su madre muere lentamente...
El Hijo de la Tierra, la olvidó.
Ya no escucha las aves ni el viento,
está ocupado encerrado conversando por internet.
Sus casas se inundan, el agua del cielo no tiene espacios
por donde correr, atrapados los suelos en el concreto,
encarceladas las aguas no pueden al río volver.
Su madre muere lentamente...
El Hijo de la Tierra, la olvidó.
Así se fue durmiendo el Hijo de la Tierra....
llegó un día en que vió la noticia...
e indiferente se quedó...
No es motivo de su lucha...
ya no tiene motivos para luchar...
que se destruya la riqueza natural...
es un tema del cual no hay que hablar...
es ajeno a su juramento...
es lejano a su fundamento...
El Hijo de la Tierra...
a su madre olvidada dejó.
Su madre muere lentamente...
El Hijo de la Tierra, la olvidó.
Lucia/copyright©








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